Repartidores trabajan 8% más por caída de ingresos
La crisis económica no solo golpea al empleo formal, sino que también empuja a los trabajadores de reparto a redoblar esfuerzos para sostener sus ingresos. En medio de la definición del proyecto de reforma laboral, un informe de la Fundación Encuentro advirtió que, ante la caída del salario real y el deterioro del mercado laboral, quienes trabajan en plataformas como Rappi necesitan cada vez más pedidos para cubrir la canasta básica, el monotributo, la crianza de un hijo, entre otros gastos esenciales.
El fenómeno se profundiza en un contexto donde el empleo asalariado formal acumula meses consecutivos de caída, mientras los salarios siguen perdiendo poder adquisitivo. Además, el Gobierno busca avanzar con la reforma laboral en el Congreso, lo que podría perpetuar las condiciones precarias de los trabajadores que se desempeñan por fuera de la relación de dependencia.
Más viajes para cubrir lo mismo
Según el análisis, el deterioro del ingreso real obliga a los trabajadores de reparto a incrementar la cantidad de entregas diarias para sostener un nivel mínimo de ingresos.
El problema no es solo la inflación. A los costos de la canasta básica se suman gastos estructurales: combustible, mantenimiento del vehículo, seguro, datos móviles y el pago mensual del monotributo. Cada uno de estos ítems impacta directamente en el ingreso neto.
En términos concretos, el ingreso por pedido pierde valor frente al aumento de precios. Así, lo que antes se cubría con determinada cantidad de viajes hoy exige varios más. El resultado es una mayor carga horaria y desgaste físico para alcanzar el mismo nivel de subsistencia.
En las últimas semanas del año pasado, el coeficiente Alcance de Pedido Promedio (APP) evidenció una tendencia ascendente en la cantidad de pedidos requeridos para alcanzar distintos niveles de ingresos. En el caso de la Canasta Básica Total para un hogar tipo de cuatro personas, se pasó de 421 pedidos en un mes a 454 en otro. Esto representa un incremento de 33 pedidos en el trimestre, equivalente a una suba del 7,8%.
La misma dinámica se observa en otros indicadores vinculados al consumo cotidiano. La Canasta Básica Total individual aumentó en 10 pedidos adicionales en tres meses. Por su parte, la Canasta Básica Alimentaria individual pasó de 58 a 63 pedidos, con una suba de 5 pedidos (8,6%). En cuanto a los costos de crianza, cubrir la canasta de un niño promedio demandó 162 pedidos al inicio del período y 170 al final.
Los gastos asociados a la vivienda también reflejaron incrementos. El alquiler de un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires pasó de 158 pedidos a 167. En tanto, el alquiler promedio se elevó de 232 a 244 pedidos, es decir, 12 pedidos más en el trimestre. Para alcanzar el Salario Mínimo, Vital y Móvil se necesitaron 110 pedidos al cierre del período.
El telón de fondo: empleo y salario en retroceso
El contexto macroeconómico agrava la situación. De acuerdo con el informe académico citado, el empleo asalariado formal cayó en noviembre, con miles de puestos menos tanto en el sector privado como en el público.
En paralelo, el salario mínimo perdió poder de compra y el salario promedio real mostró retrocesos. En los últimos meses, los aumentos nominales quedaron sistemáticamente por debajo de la inflación.
Esta dinámica expulsa trabajadores hacia formas más precarias o independientes de empleo, como el reparto en plataformas digitales. Sin embargo, lejos de representar una salida sólida, estos esquemas también quedan atrapados en la crisis económica.
La consecuencia es clara: para cubrir la canasta básica y los costos fijos, los trabajadores deben extender su jornada y aceptar más pedidos, incluso en horarios de menor demanda.
El avance de las plataformas digitales como Rappi coincide con años de inestabilidad laboral. Pero en el escenario actual, el modelo muestra signos de tensión.
Con menor poder adquisitivo general y mayor competencia entre repartidores, el ingreso promedio se diluye. El informe advierte que esta dinámica puede profundizar la precarización si no se abordan los problemas estructurales del mercado laboral.
En definitiva, la crisis económica no solo reduce puestos formales y salarios reales: también incrementa la presión sobre los trabajadores de reparto, que necesitan cada vez más pedidos para sostener su nivel de vida.







