Caputo y la ropa: el impacto real de las importaciones en números

Los números detrás de la frase de Caputo sobre ropa e importaciones

“Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina”, afirmó el ministro de Economía, Luis Caputo, para justificar la apertura comercial y relativizar el debate sobre los precios del sector en nuestro país. La frase, pronunciada desde el Ministerio de Economía, no sólo expone una experiencia personal ajena a la realidad de la mayoría de los argentinos, sino que, además, corre el foco de un dato central: la industria textil atraviesa una de las crisis más profundas de la última década, con caída de producción, empleo y participación en el mercado interno.

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Mientras el Gobierno insiste en que la apertura importadora es la vía para “disciplinar” precios, los números muestran un panorama más complejo. En las últimas horas se conoció que la producción textil nacional alcanzó su menor participación en el consumo doméstico en diez años: el componente local pasó de representar más de la mitad del mercado a menos de un tercio. En paralelo, la actividad textil se desplomó más de 25% interanual, con siete de cada diez máquinas paralizadas y miles de puestos de trabajo perdidos. La discusión sobre la ropa “cara” ocurre, así, en un sector que opera con capacidad ociosa récord y márgenes comprimidos.

Retroceso de la producción nacional

Los datos oficiales evidencian que la crisis del sector textil e indumentaria se agudizó, poniendo en jaque el desarrollo industrial nacional. Un dato graficó con precisión el grave panorama del sector: se registró la menor participación de la producción nacional en el total del consumo doméstico de la última década. Así, el componente local pasó de representar más de la mitad del consumo total a menos de un tercio.

En concreto, la industria manufacturera en su conjunto registró una caída interanual, reflejando un escenario recesivo extendido. En este contexto, la producción textil mostró una de las contracciones más profundas, con una caída superior al 25% interanual. La utilización de la capacidad instalada del sector textil se ubicó en el nivel más bajo de toda la industria manufacturera.

En términos concretos, 7 de cada 10 máquinas textiles permanecen paradas en las fábricas. En relación, el sector fue el más afectado en términos de empleo dentro de la industria con una pérdida de más de 18.000 puestos de trabajo. Se trata de uno de los sectores que más empleo privado registrado perdió en toda la economía. En paralelo, se perdieron 558 establecimientos productivos en la cadena de valor, con especial impacto en indumentaria y en cuero y calzado.

¿Qué pasa realmente con los precios?

Un informe de la Fundación Pro Tejer respondió con números a los dichos del ministro: “En el período más reciente, Prendas de vestir y calzado mostró un crecimiento muy inferior al promedio general. Mientras el IPC acumuló un aumento del 186%, el rubro registró una suba de apenas 113%, ubicándose en el último lugar del ranking de aumento de precios”. Para los industriales del sector, “este desempeño se dio en un contexto de liberalización de tarifas y desregulación de diversos servicios, que impulsaron fuertemente el nivel general de precios. Frente a ese escenario, la indumentaria absorbió una parte relevante del ajuste a través de la compresión de márgenes, en un contexto de marcada caída del consumo interno”.

Asimismo, aseguraron que si se analiza la evolución de precios punta a punta del actual IPC nacional, se observa que Prendas de vestir y calzado se ubica entre los rubros que menos aumentaron.

El efecto de las importaciones

Otro argumento que suele esgrimirse desde el oficialismo refiere al efecto del disciplinamiento de precios que generaría el ingreso de ropa importada. ¿Esto es así? Una vez más la evidencia empírica parece contradecir esa hipótesis. “En 2021/ 2022 llegamos a cifras muy altas de importaciones y sin embargo el IPC de prendas superó el nivel general. Es decir, un mayor ingreso de productos importados no se tradujo en una desaceleración relativa de los precios de la indumentaria”, indicaron desde la representación sectorial. En esa línea sumaron que el contraste es aún más claro cuando se observa lo ocurrido recientemente: “Con importaciones textiles relativamente más bajas, el IPC de prendas se ubicó más de 30 puntos porcentuales por debajo del nivel general”.

Entonces, ¿qué explica la dinámica de los precios de la ropa? La respuesta se focaliza en la actividad económica y, en particular, a la evolución del consumo interno. “La indumentaria es un bien altamente sensible al ciclo económico, cuando el ingreso real cae y el consumo se retrae, los precios tienden a crecer por debajo del promedio. Por el contrario, en períodos de recuperación o normalización del consumo, los precios del rubro suelen ajustarse con mayor intensidad”, señalaron desde Pro Tejer.

¿Hay ropa barata?

Otro argumento que también se suele replicar desde La Libertad Avanza refiere que en nuestro país “no hay ropa barata”. Para la Fundación Pro Tejer, en el mercado argentino hay ropa cara, ropa de precio medio y también ropa barata.

“Con frecuencia cuando se habla de ‘ropa cara’ en el debate público, en realidad se está mirando el precio de la ropa en shoppings, que representan un canal específico y cada vez menos representativo del consumo masivo. La paradoja es que más del 70% de la ropa que se vende en shoppings es importada, por lo que, justamente, esos precios elevados no pueden atribuirse a la producción nacional”, aseguraron.

En los últimos años, y en particular en un contexto de fuerte caída de los ingresos reales, los shoppings se han vuelto inaccesibles para una porción creciente de la población. En paralelo, ganaron peso otros canales de consumo —comercios de cercanía, ferias, outlets, venta directa, marcas independientes, comercio online—. “Allí es posible encontrar precios significativamente más bajos. Por lo tanto, no resulta correcto extrapolar lo que ocurre en un segmento acotado y específico del mercado a la dinámica del sector en su conjunto”, consideraron.

Así las cosas, la discusión sobre si un ministro compra o no ropa en el país queda desdibujada frente a un problema estructural mucho más profundo. Los datos no muestran que las importaciones, por sí solas, ordenen precios ni que la producción nacional sea la causa de los valores elevados en determinados segmentos. Lo que sí exhiben con claridad es un mercado interno en retracción, salarios deteriorados y una industria que opera con capacidad ociosa récord y pérdida de empleo. El debate anclado en experiencias personales parece querer evitar analizar qué sucede actualmente con el modelo productivo y el consumo nacional.

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