Economías regionales al límite: apertura, concentración y atraso cambiario
Economías regionales entrerrianas en estado crítico: la asfixia que golpea al interior productivo
En las últimas horas, se confirmó una situación alarmante para las economías regionales de nuestro país, un sector vital para provincias como Entre Ríos. Mientras el Gobierno Nacional prioriza un esquema que beneficia a los grandes complejos exportadores, más de la mitad de estas economías atraviesan uno de sus momentos más delicados en la última década. La combinación de concentración en las cadenas, costos logísticos y de servicios en alza, apertura desregulada de importaciones y una fuerte caída del consumo interno está asfixiando a los pequeños y medianos productores.
Una década de crisis que se profundizó
Lejos de ser una coyuntura aislada, la crisis tiene raíces profundas. La mayoría de los sectores pasó más de la mitad de los últimos diez años en situación de alerta o directamente en rojo, pero el deterioro se aceleró con el actual programa económico. La pérdida de rentabilidad, el atraso cambiario, la falta de financiamiento y el retiro del Estado de áreas clave terminaron de agravar un escenario ya frágil. Entre las más comprometidas a nivel nacional aparecen la yerba mate, el vino y el mosto, la papa, el arroz, el algodón y distintas producciones hortícolas, muchas con fuerte presencia o impacto en la región litoraleña.
Todo ello da lugar a un proceso de descapitalización y expulsión de pequeños productores que amenaza no solo la continuidad de estas economías, sino también el empleo, el arraigo territorial y la diversificación productiva, pilares fundamentales para el desarrollo entrerriano.
Radiografía del colapso: costos por las nubes y precios por el suelo
Las economías regionales son actividades heterogéneas, intensivas en capital y trabajo, con ciclos de inversión largos. Sin embargo, al menos 8 de las 19 más importantes del país pasaron más de la mitad de la última década en crisis. Entre las más comprometidas aparecen la vitivinicultura y los cítricos dulces, que estuvieron en crisis cerca del 70% del tiempo entre 2016 y 2025.
El último relevamiento de Coninagro evidenció una profundización de la crisis en la yerba mate, el arroz, la papa, el vino y mosto, las hortalizas y el algodón. “En la mayoría de estos casos se registró un deterioro del componente de negocio, debido a que los precios percibidos por los productores quedaron por debajo de la inflación y del aumento de los costos operativos”, explicó el informe.
En materia de costos, estos sectores enfrentaron en los últimos dos años un fuerte encarecimiento derivado del aumento de tarifas energéticas, combustibles, insumos —muchos importados— y transporte. “Durante el último año, estos costos crecieron por encima del 50%”, señalaron especialistas del Instituto para el Desarrollo Agroindustrial Argentino (IDAA). Este incremento no guarda relación con la evolución de los precios de venta y deteriora la competitividad.
Por el lado de los precios, la desregulación y la apertura de importaciones, combinadas con la caída del consumo interno, generaron sobrestock en las cadenas comerciales. “Sectores como el vino enfrentaron una sobreoferta que presionó los precios a la baja, ubicándolos incluso por debajo de los costos de producción”, agregaron. A esto se suma la falta de inversión del Estado nacional en infraestructura estratégica —caminos, conectividad, riego, energía— y el debilitamiento de instituciones clave como el INTA o el SENASA.
El caso testigo: la yerba mate y la concentración que ahoga
La cadena yerbatera atraviesa un proceso de desregulación profundo que limitó las facultades de regulación del Estado. Debido a la desregulación de precios y la desarticulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), los pequeños y medianos productores, cerca del 90% del total, enfrentan un juego desigual donde apenas 10 grandes molinos —que compran el 75% de la producción— determinan el valor de la materia prima.
Como resultado, bajó considerablemente el precio que se paga por el insumo. “Los pequeños y medianos productores son hoy el eslabón más golpeado. Si bien el costo de producción de un kilo de hoja verde se ubica en alrededor de $424 por kilo, la industria paga precios muy inferiores, entre $250 y $300 por kilo”, señalaron las investigadoras Cecilia Bila y Adriana Azcorra. La caída del precio real pulverizó los ingresos y puso en jaque la continuidad de cientos de explotaciones familiares.
Vino, algodón, arroz y papa: el mapa de la emergencia
En el caso del vino y mosto, los datos evidencian que el precio promedio pagado al productor se contrajo, el área destinada a la vitivinicultura disminuyó un 2% y el consumo interno cayó un 4%. Las importaciones, en cambio, alcanzaron un alza del 129%.
Para el algodón, el precio al productor tuvo una variación interanual del 7%, muy por debajo de la inflación, y se espera una caída en la superficie sembrada. La actividad arrocera exhibió un deterioro en el precio al productor del 36% y se estima un 17% menos de producción. En la papa, lo que más alarma es la fuerte caída del precio al productor, con una contracción real del 54% interanual.
En definitiva, el deterioro de las economías regionales es la expresión de un modelo que profundiza la concentración y debilita a los actores más pequeños. Sin políticas diferenciadas, infraestructura, financiamiento y con un Estado que se retira, estas actividades pierden competitividad. Lo que está en juego es la continuidad de miles de productores, el empleo y la diversidad productiva que sostiene el entramado federal, del cual Entre Ríos es parte fundamental.
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