Desempleo baja, pero aumenta la precariedad laboral: la paradoja del mercado actual

Baja el desempleo pero sube la precariedad laboral

En las últimas horas, se difundieron renovados datos del mercado de empleo correspondientes al tercer trimestre del año pasado, sin que desde el oficialismo se realizara una campaña de difusión masiva sobre estas estadísticas. El informe del INDEC, que permite estimaciones para el total nacional urbano y los totales provinciales, llegó en un contexto de creciente cuestionamiento a la credibilidad del organismo y mientras el Gobierno concentraba sus esfuerzos en el debate legislativo.

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Los datos principales ya se conocían, pero el INDEC volvió a difundirlos. En ese período, la tasa de actividad alcanzó el 48,6%; la tasa de empleo se ubicó en 45,4%; y la tasa de desocupación se ubicó en 6,6%. La tasa de subocupación resultó del 10,9% de la Población Económicamente Activa (PEA), mientras que otros ocupados demandantes y no demandantes disponibles alcanzaron, en conjunto, el 11,3% de la PEA. Consecuentemente, la presión sobre el mercado laboral trepó al 28,7% de la PEA.

En la comparación interanual, el gobierno de Javier Milei intenta mostrar que no existe una explosión del desempleo pese a la prolongada crisis económica y la destrucción del entramado socioproductivo. Sobre una población económicamente activa de 20,6 millones de personas, la tasa de desempleo se redujo tres décimas hasta el 6,3%. La tasa de empleo fue del 45,4% (19,3 millones) subió cuatro décimas, la subocupación bajó de 11,4% a 10,9%, y los ocupados demandantes de empleo retrocedieron de 17,6% a 16,1%.

Fragilidad y precarización del mercado laboral

Estos son los datos duros del mercado de empleo. El análisis cualitativo de estas cifras revela la fragilidad y precarización de las relaciones laborales, que la nueva ley aspira a consolidar.

El crecimiento del empleo se registró en un contexto de caída de la proporción de trabajadores asalariados (de 73,1% a 71,9% de los ocupados) y, en paralelo, de aumento de la proporción de población cuenta propia (de 23,3% a 24,5% de los ocupados). A su vez, para el total de ocupados, se observó un alza de la tasa de informalidad (de 42,6% a 43,3%).

Un reciente documento interno de la Confederación Sindical Internacional (CSI), elaborado por el economista jefe Daniel Kostzer, ofrece un marco analítico para comprender la actual dinámica. El enfoque es global, pero dialoga de lleno con el caso argentino: permite identificar el acelerado deterioro del trabajo en el experimento liberal-libertario. El punto central del informe es claro: un descenso de la tasa de desempleo, en las actuales condiciones del mercado de trabajo, no significa una mejora sustancial de las condiciones del trabajador.

Menciona que, desde la salida de la pandemia, se alzaron voces desde organismos multilaterales y la ortodoxia económica enfatizando que los mercados de trabajo se encuentran muy rígidos, característica que se explicaría por la cantidad de supuestas vacantes en relación a la cantidad de trabajadores desempleados. “Esta caracterización no es ingenua”, indica Kostzer, puesto que el objetivo es mostrar que hay que facilitar la rotación de trabajadores, estimular la oferta de trabajo, y reducir las restricciones al desempleo. En concreto, flexibilizar y desproteger a los trabajadores.

Empleos con inseguridades similares al desempleo

Este es uno de los argumentos de voceros oficialistas para publicitar supuestas bondades de la reforma laboral de Milei, que arrasa con históricos derechos del trabajador, crea un negocio financiero especulativo con el dinero de los jubilados para pagar indemnizaciones de empleados del sector privado, y legaliza relaciones laborales hasta hoy ilegales y clandestinas.

El reporte de la CSI explica que, durante décadas, la tasa de desempleo sirvió como el indicador principal del rendimiento del mercado laboral. El fundamento de su relevancia se basaba en un modelo donde el empleo implicaba estabilidad, protección social e ingresos suficientes. Ese modelo ya no refleja la realidad de los actuales mercados laborales.

Sin embargo, ahora millones de trabajadores considerados “empleados” experimentan una inseguridad comparable al desempleo: salarios bajos, horarios inestables, relaciones laborales informales o encubiertas, falta de protección social y gestión algorítmica a través de plataformas digitales. “La expansión del trabajo precario y mediado por plataformas ha creado una brecha cada vez mayor entre las estadísticas laborales oficiales y las condiciones de trabajo reales”, afirma Kostzer.

Los límites del marco tradicional del desempleo

Kostzer desarrolló una precisa descripción de la modificación en el funcionamiento del mercado laboral, señalando que hoy tener empleo no implica necesariamente una mejora en las condiciones materiales del trabajador. Afirma que “esta equivalencia se ha roto”, para apuntar que, ahora, un trabajador puede estar formalmente “empleado” y, sin embargo: ganar menos del salario mínimo, trabajar involuntariamente pocas o excesivas horas, carecer de protección social, experimentar volatilidad en sus ingresos, ser clasificado erróneamente como autónomo o depender del trabajo a destajo en plataformas.

La tasa de desempleo sigue midiendo la escasez de puestos de trabajo, pero ya no refleja la calidad del empleo. “La suposición de que el empleo garantiza la seguridad económica se ha desmoronado”, concluye el economista.

Cambios estructurales en el empleo

Los mercados laborales han evolucionado hacia estructuras de empleo fragmentadas: contratos temporales, autoempleo dependiente, trabajo informal, subcontratación y trabajo en plataformas. Estos empleos se contabilizan estadísticamente, pero a menudo no cumplen los umbrales de trabajo decente. La Organización Internacional del Trabajo ha documentado en repetidas ocasiones la persistencia de la pobreza laboral, definida como los trabajadores que viven en hogares por debajo de los umbrales internacionales de pobreza a pesar de tener empleo.

Las plataformas de trabajo digitales absorben a los trabajadores desplazados y reducen el desempleo medido, pero no tienen en cuenta la creciente precariedad. Las plataformas funcionan como amortiguadores del mercado laboral porque absorben rápidamente a los trabajadores desplazados, reducen el desempleo visible, y convierten el desempleo en actividades esporádicas de dudosa estabilidad.

La reforma de Milei no soluciona nada

Con este diagnóstico, el problema del mercado laboral argentino no es la “rigidez” sino, al revés, la consolidación de un esquema que naturaliza la precariedad. La baja del desempleo, en este contexto, puede convivir con salarios insuficientes, jornadas imprevisibles, trabajo informal, multiempleo y un retroceso persistente de la protección social.

La reforma laboral de Milei no discute esta degradación; la institucionaliza. No ataca las causas que expulsan empleo de calidad –recesión prolongada, destrucción del entramado productivo, derrumbe del salario real– sino que interviene sobre las consecuencias, para correr el costo de la crisis hacia el trabajador.

El discurso libertario promete “más empleo” porque abarata el despido, facilita la rotación y convierte derechos en variables de ajuste. Pero, como advierte el informe de la CSI, hoy la frontera relevante no es empleo vs. desempleo, sino trabajo decente vs. trabajo inseguro. En ese mapa, la reforma laboral de Milei no crea trabajo decente. Expande la zona gris del empleo con inseguridades similares al desempleo. Multiplica al “ocupado pobre”, al monotributista forzado, al falso autónomo y al trabajador de plataforma que figura como emprendedor y vive como descartable.

A la vez, el andamiaje que se propone para “resolver” indemnizaciones –transformarlas en un negocio financiero que se alimenta de aportes de la seguridad social– no es modernización; es un cambio de régimen. Se socializa el riesgo empresario, se privatiza la estabilidad del trabajador y se erosiona el sentido mismo del derecho laboral como protección del eslabón débil.

En una economía donde el Estado ya no asegura un piso de demanda, ni un plan de desarrollo, la reforma completa la escena: hace del trabajo una mercancía de baja calidad, barata y sustituible. Por eso el silencio oficial ante los datos del empleo no es casual. Festejar una tasa de desempleo relativamente baja mientras suben la informalidad y el cuentapropismo exhibe la contradicción del relato. La reforma laboral de Milei no soluciona nada porque no se propone resolver el problema de fondo. Su objetivo es profundizar el retroceso de las condiciones laborales, normalizar la precariedad y convertir la fragilidad del presente en regla del futuro.

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