La batalla por el poder: los grandes grupos empresariales de Argentina

Clarín, Techint, Galperin y Bulgheroni: la batalla por el poder

Reconfiguración en la cúpula del poder económico: los nuevos actores que desafían a la vieja guardia

En las últimas horas, se ha hecho evidente un movimiento al interior del establishment económico nacional, donde históricos referentes ven cuestionado su rol de conducción política. Tradicionalmente, ese liderazgo estuvo integrado por los grupos Clarín y Techint, con sede de operaciones en la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Si bien no han sido desplazados, el actual proceso de transformación política y económica acelerado por el gobierno de Javier Milei está redefiniendo el tablero.

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Por un lado, la fragmentación de las organizaciones políticas facilitó la irrupción y consolidación de un outsider como líder de la ultraderecha. Este liderazgo combina comportamientos desquiciados con la construcción de una alianza hegemónica con otros protagonistas del poder económico. Por otro, la dinámica económica se transformó con la expansión del comercio electrónico y del mundo fintech, mientras se consolida una economía de enclave exportador de materias primas como la energía, la minería y el agro. Ese combo coloca en el centro de las decisiones a empresarios que, además, militan políticamente el proyecto de Milei.

Las peleas son por negocios, no por ideología

Esta reconfiguración se observa al identificar a los actores con mayor relevancia pública. Héctor Magnetto de Clarín y Paolo Rocca de Techint representan la vieja guardia, mientras que Alejandro y Carlos Bulgheroni de Pan American Energy (PAE) y Marcos Galperin de Mercado Libre vienen a disputar el papel central de la voz política dominante del mundo empresarial. Las tensiones son por negocios; no por ideología ni por identificación política.

Al igual que en experiencias conservadoras anteriores, el gobierno de Milei es un territorio privilegiado para el despliegue de apropiación de rentas y activos por parte de los grupos económicos, en especial los locales. La captura de activos públicos y de mercados rentables forman parte de estas disputas intercapitalistas. La definición de la orientación de la política económica resulta una pieza clave. En este sentido, dos variables son clave: el nivel del tipo de cambio con la administración del comercio exterior, y el grado de apertura económica.

Dos batallas estelares

En menos de un año se encadenaron dos choques que muestran el reordenamiento: uno en telecomunicaciones y fintech, y otro en energía.

El primer episodio fue cuando Clarín, vía Telecom, se quedó con Telefónica, en una operación donde el grupo Werthein (DirectTV) cercano al mileísmo y el mexicano Carlos Slim (Claro) también estaban interesados. Esta movida, imprevista para el Gobierno, derivó en que Milei fijara un tuit furioso contra el grupo Clarín. Recientemente se abrió otro frente: Telecom vendió el 50% de Personal Pay, su billetera digital, al Banco Macro por 75 millones de dólares, para avanzar sobre el negocio fintech. Allí el protagonista principal es Galperin con Mercado Pago. Con esta operación, nació una sociedad Magnetto-Brito para un negocio específico, que tiene enfrente a un fanático mileísta.

El otro episodio estalló por la adjudicación de la provisión de los caños para un gasoducto al conglomerado indio Welspun, que provocó un cisma en la cúpula del poder económico porque este tipo de negocios siempre tuvo al grupo Techint como ganador exclusivo. Varios pesos pesados empresariales no tienen simpatía por Paolo Rocca, puesto que vende sus productos en el mercado local a un precio superior al promedio internacional. Los Bulgheroni tuvieron la posibilidad de desafiarlo y ganar esta partida. Es evidente que Techint perdió por soberbia o por una muy mala gestión de esta licitación privada.

Por qué Rocca es “Don Chatarrín”

Los caños van a venir de India con acero chino; pero si Techint se quedaba con el contrato, los caños iban a venir de Brasil con acero brasileño. Aquí el conflicto adquiere otra dimensión. La cuestión central no pasa por definirse a favor de uno u otro, con Milei interviniendo a favor de Bulgheroni. El Presidente lo hizo desde su cuenta en la red X con un tuit donde bautizó a Rocca “Don Chatarrín”.

En un país bimonetario, cada decisión de abastecimiento externo define demanda de divisas y densidad de encadenamientos locales. El tema de la chatarra es un eslabón importante para Techint porque es un insumo para producir la chapa de acero. En un gobierno anterior se prohibió la exportación de chatarra, medida que benefició a Rocca, con el objetivo de garantizar el suministro interno a bajo precio. Esta prohibición fue eliminada recientemente, volviendo a habilitar la libre exportación de residuos metálicos.

El gasoducto Néstor Kirchner fue realizado con caños provistos por Techint. En una presentación de la obra, la entonces Presidenta reclamó a Rocca que la chapa laminada para hacer los caños sea fabricada en Argentina y no en Brasil. No era una objeción industrialista: era una advertencia sobre cómo una obra pública puede financiar encadenamientos locales o, por el contrario, validar la importación de insumos estratégicos.

Techint es de todos

La familia Rocca consolidó su liderazgo empresarial con la colaboración relevante de recursos públicos. Durante varias décadas obtuvo contratos de obras públicas, gasoductos y caminos que implicaron un desarrollo sostenido de su área de ingeniería y construcción. Recibió millonarios subsidios por regímenes de promoción industrial con exenciones impositivas, por el fomento de exportaciones y por preferencias arancelarias. Se benefició de la licuación de pasivos financieros y aprovechó la Ley de Compre Nacional que implicó que el Estado pagara sobreprecios. Contabilizó ganancias extraordinarias por su participación activa en privatizaciones, como con su inversión en el consorcio de Telefónica.

La enajenación de activos estatales también afianzó el corazón de su grupo, la siderurgia, con su desembarco en empresas proveedoras de insumos básicos y con la compra a precio vil de Somisa. Con las privatizaciones, el grupo logró un notable grado de integración vertical en el rubro energético y siderúrgico, consiguiendo una concentración y diversificación de sus negocios que resultó en un extraordinario crecimiento patrimonial.

Los estallidos sociales y económicos fueron por las disputas intercapitalistas

Las dos grandes crisis argentinas –la hiperinflación de 1989 y el fin de la convertibilidad de 2001– fueron el saldo de una intensa puja de varios años entre dos bandos del poder económico. Se sabe que, en el marco del sistema capitalista, las crisis son precipitadas por disputas al interior del capital.

Si bien hubo una fuerte resistencia social en ambas experiencias traumáticas, los respectivos estallidos –saqueos, en uno, y el corralito, en otro– fueron el corolario del agotamiento de una forma de distribución de los recursos públicos entre el capital. En 1989, la disputa fue entre la banca acreedora, que quería cobrar los intereses de una deuda externa asfixiante, y los grupos económicos locales, que querían seguir exprimiendo las cuentas fiscales. El agobio sobre el fisco desembocó en la hiperinflación.

En 2001, la pelea fue por cuál iba a ser la salida de la convertibilidad: la dolarización, promovida por la banca local e internacional y las multinacionales, o la devaluación, reclamada por grupos locales y complejos exportadores. En ambos casos se sabe quiénes fueron los ganadores. Estos antecedentes son referencias para especular sobre cómo puede desarrollarse la actual disputa intercapitalista y, por lo tanto, cuándo y cuál puede ser el desenlace del experimento liberal-libertario. Son interrogantes que, si bien pueden generar ansiedad en círculos políticos, económicos y sociales, hoy no tienen respuestas.

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